Acoso sexual en el trabajo, una realidad nada lejana

Por qué darte permiso de romper el silencio.

 

Hace unos meses fui contactada con el fin de ver si me quería unir a la cruzada que emprendía la actriz Karla Souza para hablar sobre el acoso sexual y su denuncia. Con el escándalo de abuso de Harvey Weinstein en Hollywood queda claro que ella y muchísimas mujeres han estado en esa vulnerable situación. Inmediatamente me sumé al proyecto, pues justo acababa de lanzar mi tercer libro, Imagen, actitud y poder, en el cual relataba dos experiencias con hombres que representaban “la autoridad” y quienes tomaron ventaja de ella para tratar de abusar de mí.

 

A través de la iniciativa de Karla llegué a ser entrevistada por Carmen Aristegui, quien, en su programa de CNN, programó una serie especial para transmitir nuestras entrevistas y explorar tanto el tema como las posibilidades de encararlo. Después de esa entrevista, editada para ser un pequeño segmento del programa, me quedé con la sensación de que no pude expresar del todo esa sensación de malestar y vergüenza con la que termina una mujer que ha sido víctima de ese patrón de abuso. Así que decidí escribirlo aquí.

 

Lo primero es que has sido elegida como víctima por un hombre con autoridad y del cual depende tu trabajo o profesión, con lo que pareces haberte sacado la rifa del tigre o, como sucede cuando marcan una casa para robarla, has sido designada para jugar el juego deperder-perder. Quizá sin haberlo advertido previamente, de pronto, te ves acorralada por ese personaje que no sólo no te ve con ojos profesionales, sino que ha desvirtuado su mirada de empleador a empleada o de hombre hacia una mujer, para convertirse en un depredador que está dispuesto a abusar de su presa.

 

El acoso sexual puede ser de obra o de palabra, pero tiene una carga que, implícita o explícitamente, te hace sentir amenazada, violentada y poco capacitada para rechazar el avance sin perjudicar tu posición laboral. A veces puede ser tan sutil que sientes que expresar tu desacuerdo o rechazo puede estar fuera de lugar. “¿Qué tanto es tantito?”, te preguntarás. ¿Será que estás exagerando si le pones un alto al jefe que comenta lo hermosas que son tus piernas? ¿Quedarás como una bitch si le adviertes que sus comentarios están fuera de lugar y lo vas a reportar? ¿O mejor te quedas callada, esquivas su mirada con incomodidad y, a partir de ese momento, comienzas a evitar quedarte a solas con él? Es que estamos acostumbradas a callar, a ser buenas personas, evitar confrontaciones y, a toda costa, evadir acusaciones que puedan poner en peligro nuestro juicio, prestigio o empleo. Así que muchas veces preferimos hacer como que no pasó nada y cargar con una vergüenza que nos pesa como si hubiéramos sido culpables de provocar ese abuso.

 

En mi libro hago una analogía entre un tablero del juego llamado Serpientes y escaleras con el camino que debe recorrer una mujer para llegar al éxito profesional. Si tienes una imagen impecable, subes por una escalera que te ahorra varios cuadritos en el tablero. Te comunicas correctamente, eres buena líder y segura, muestras tu talento, ésas son escaleras para que te vayas elevando y logres romper el techo de cristal. Pero cuando te topas con un individuo que te ha marcado y es capaz de pasar encima de tu dignidad para cumplir su capricho de poseerte, te has encontrado con una serpiente larga y resbalosa que puede regresarte al cuadro de inicio en tu tablero e incluso puede destruir tu carrera.

 

Yo que he estado ahí te digo que te sientes vulnerable, sola y sin muchos recursos para salir del laberinto. Es un perder-perder porque, si denuncias, sabes que puedes salir perjudicada, y si callas, es como acceder en silencio. Lo peor ocurre cuando puedes constatar que habrá más de una persona, generalmente hombres, pero por desgracia no exclusivamente, que están no sólo dispuestos a cubrir el abuso, sino a facilitarlo. A mí me manipularon para silenciarme y callé. Meses después se dio por concluido mi proyecto laboral y siempre quedará la duda de si fue por no concederle su deseo a mi victimario.

 

Quisiera pensar y dar soluciones para que ni una mujer más tenga que padecer el acoso sexual en su trabajo. Muchas mujeres padecen de acoso en su casa y no digamos en la calle. Ya bastante complicado tenemos el panorama laboral como para encontrarnos con algunos cazadores de mujeres en nuestra oficina. Si no podemos sentirnos seguras en el sitio que demanda nuestra dedicación y profesionalismo, sin contar la cantidad de horas que estamos ahí, ¿dónde estaremos a salvo?

 

Lo único que se me ocurre es recurrir a otras mujeres para pedir apoyo y levantar la voz. Si no delatamos a esos depredadores jamás pararemos esa cultura machista. Unamos nuestra fuerza para exigir un ambiente de trabajo respetuoso y el castigo ejemplar para quienes abusan de su autoridad y nos amedrentan con su turbio proceder.

 

#MeTooMx nació con siete mujeres que deseamos apoyar a otras tantas a que levanten la voz y se sientan apoyadas de llegar hasta donde sea necesario para liberarse de su opresor. No es una cacería de brujas, no vamos a juzgar a la mujer que hable, sólo queremos estar ahí para protegerlas y dignificarlas.

 

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Foto: SHOWbit