¿Por qué aplaudimos un tinte de pelo en las mujeres y repudiamos el mismo en los hombres?

A las mujeres les exigimos un intenso cuidado personal, pero si se trata de un hombre cumpla con ese requisito es criticado y difamado.

 

 

Está comprobado que tanto hombres como mujeres esperamos que toda chica que trabaje en una empresa deba presentarse no sólo limpia, sino bien vestida, maquillada y peinada. Si ella no usa tacones, suele pensarse que es perezosa o descuidada, si tiene kilos de más, entonces no tiene disciplina y, por lo tanto, no es capaz de retos laborales que exijan responsabilidades. Cuando, en cambio, es muy delgada, entonces la tomamos como una controladora. El caso es que es muy difícil cumplir con las expectativas de la sociedad. Por si eso fuera poco, cuando estamos hablando de que en nuestra rutina hay que sumar las horas que nos pasamos en el salón de belleza cortándonos el pelo, aplicándonos productos que hagan nuestra melena sedosa y suave. Ni se diga de las depilaciones, los masajes, el mani y el pedi. Las maduras tenemos también una canasta básica que incluye teñirse el pelo, untarse cualquier cantidad de productos para erradicar o disimular las arrugas y una visita carísima cada tanto para ponerse Botox, rellenos o la innovación del momento que promete la fuente de juventud.

 

Los hombres deben afeitarse, estar limpios y peinarse. Sin embargo, tienen que ser obesos o esqueléticos para que alguien repare en su físico y a menos de que vayan a trabajar en garras, no suele haber un consenso sobre la relación entre su imagen y su desempeño profesional. Con una clara excepción, cuando el señor o joven se arregla demasiado: combina su ropa con sumo detalle, trae su corte de pelo siempre en el mismo largo y lo estiliza seguramente usando pistola de aire y una brisa intensa de spray. ¡Oh, pecado!: esmalta sus uñas con brillo o tiñe su melena. ¡Eso sí que despierta suspicacias!

 

 

Veamos: si una mujer no se pinta el pelo, la vemos desaliñada. Si un hombre se lo tiñe, nos parece afectado, egocéntrico y seguramente habrá quien vaya al extremo de adjudicarle una inclinación sexual “diferente”.

 

Meditando sobre este tema, cuestioné a mi estilista de cabecera, quien arregla la melena de políticos y celebridades, en un discreto privado que se encuentra dentro de un salón en Las Lomas de Chapultepec. “¿Por qué está bien visto y es casi una exigencia que nosotras pintemos nuestras canas, pero es una prohibición para los hombres?”, le pregunté. “Porque las mujeres replican el machismo que nos fue enseñado por nuestras madres y ellas mismas lo inculcan a sus hijos”, dijo Carlos Emilio Carranza. “No se nos permite usar cremas, hacernos las uñas o intentar vernos más jóvenes con un tinte”.

 

 

Bueno pues, no sé si estás de acuerdo, pero para mí eso es tan injusto como pensar que nosotros debemos hacer la cama de nuestros hermanos o que cocinar es la obligación de cada esposa. No me parece que nos paguen menos que a ellos por hacer el mismo trabajo, por lo que tampoco estoy de acuerdo con criticar que ellos hagan lo que nosotros podemos en pro de sentimos más guapas y juveniles. Simplemente hay que ser justas. No somos iguales, cada sexo tiene lo suyo, pero nuestros derechos sí deberían serlo y el anhelo de levantarse la autoestima es un privilegio que debemos compartir, sin importar nuestro género o inclinación sexual.

#Knowtherules  #Breaktherules

 

Fotografías: SHOWbit

 

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