¿Te dices cosas horribles frente al espejo?

¿Eres noble y compasiva cuando ves tu reflejo, o terriblemente cruel porque te quedas siempre corta con lo que ves?

 

 

Una podría decir que ha aprendido a amarse o, cuando menos a aceptarse, pero lo cierto es que tu conversación mental puede probar lo contrario. Cuando estaba escribiendo mi libro El Poder de tu Belleza (Editorial Océano), hice una encuesta para que decenas de mujeres de distintas edades y profesiones revelaran qué opinaban sobre ellas mismas. Mi predicción era que la mayor parte de nosotras no nos calificamos como hermosas o, cuando menos, no como las más bellas. Sorpresivamente las calificaciones sobre la autoimagen parecían superar, por mucho, lo que esperaba. No obstante, en el momento de que las encuestadas tenían que confesar lo que se decían frene al espejo, su desprecio corría como un hilo de media. Traducción para las jóvenes lectoras: como fuego sobre la pólvora.

 

El problema, sin duda, es que nosotras esperamos ver lo que admiramos: piernas interminables, abdómenes marcados, ojos claros y almendrados, rostros con pómulos marcados, una sonrisa blanca y perfecta, una melena sedosa y la lista sigue… Sin embargo, frente al espejo, nuestra actitud es de carencia: me falta esto, cómo me gustaría esta medida de bra, necesito más pelo, menos cintura, más cuello. El caso es que lo que no vemos es lo que sí tenemos y cómo podríamos ser felices sin considerar lo que realmente somos.

 

Podrás estar refunfuñando sobre la cuarentena, lo mucho que comes, lo fácil que es preferir un litro de helado en lugar de una fresca ensalada. Quizá te falta motivación para vestirte bien o ponerte una crema humectante cuando nadie puede verte. Pero lo cierto es que el problema no es el mundo externo, sino el interno. Jamás lograrás conciliarte contigo misma, ya seas delgada o con curvas, alta o baja, morena o tan blanca que pareces cuija, lo que importa es trabajar en tu aceptación y, por lo tanto, en tu autoestima.

 

La manera más rápida de lograr hacer las paces con tu reflejo a través de un cambio de punto de vista. Ahora cuando estés viendo tu reflejo piensa lo que sí tienes, cuánto agradeces estar sana, qué maravillosas pestañas tienes, qué increíble es saber que te sabes sacar partido. El punto es distinguir tus atributos (que ahora serán tus limones) y distinguir la fuerza que en conjunto se convierten en la mejor limonada.

 

No vuelvas por tus carencias, sino valora tu abundancia. Todo en una mujer resulta atractivo, pero nada lo es tanto como su seguridad y el poder que conlleva amarse. Eres única, original e imperfecta. ¿Y adivina qué? Si fueras perfecta serías mucho más aburrida.

#Knowtherules   #Breaktherules

 

Fotografía: SHOWbit