¿Tienes culpa por trabajar y dejar a tus hijos?

Si tienes culpa cada vez que dejas a tu bebé llorando en la guardería para irte a la oficina o con tu madre, para salir de viaje, no estás sola. ¿Pero de qué sirve ese sentimiento?

 

 

Por mucho que nos creamos liberadas y unas ejecutivas de primera, lo que la mayor parte de nosotras llevamos dentro es un sentimiento de culpa que nos oprime y no nos permite estar presentes al cien por ciento, ni gozar de los éxitos sin un sabor amargo en la boca.

 

No obstante, hay que reconocer que no hay nada positivo en esa culpa. No nos hace mejores madres, ni a nuestros hijos sentirse más amados. Tampoco nos excusa frente a la sociedad que nos juzga duramente por priorizar el trabajo por encima de nuestra familia. Pero lo peor de todo, es que nos agrega un peso que enturbia nuestro desempeño, nos quita la tranquilidad y, en ocasiones, incluso nos hace dudar sobre nosotras y nuestro profesionalismo.

 

 

Los hijos son lo más importante para las mamás, eso es un hecho irrefutable y no importa lo ambiciosas o apasionadas que seamos por nuestro trabajo, algo en el corazón se divide si tenemos que elegir entre nuestros críos o nuestros retos profesionales. Difícilmente podemos tenerlo todo y siempre que elegimos existe una renuncia, aunque sea temporal, de cumplir como profesionista o como madre.

 

Así lo han vivido millones de mujeres trabajadoras, entre las cuales me cuento. Esa culpa pesada como un verdadero lastre, nos acompaña de junta en junta y de avión en avión. Pero cuando le consulté a mi terapeuta qué podía hacer para liberarme de ese sentimiento, sólo pudo decirme que lo reconociera como un incómodo compañero e intentara concentrarme en lo mucho que me admirará mi hijo por ser cabeza de familia y haberlo sacado adelante a pesar de desear estar junto a él día y noche.

 

 

Para colmo, tengo temor de que, además de la culpa, más adelante lleguen los reclamos. Después de todo, los hijos somos crueles jueces de nuestros padres y seguramente ni mi hijo ni yo seremos la excepción en esta dinámica. Pero quizá no sería mala idea tener una discurso preparado para esos momentos en donde todos tus colegas brindan después de terminar la jornada de trabajo y tú estás pegada al celular suplicando que te conecten con tu bebé por FaceTime en un desesperado intento por estar presente durante la hora de bañarlo o mientras le toman la temperatura, porque está enfermo. E iría algo así como esto: “La culpa es un sentimiento que me oprime, me resta gozo y no me aporta ningún beneficio. Quiero a mi hijo y trabajo por ese amor que le tengo, no sólo por el dinero que sirve para su bienestar, sino también para ser una mujer realizada y feliz, pues sólo así puedo ser una mamá luminosa y productiva”. ¡Amén!

#Knowtherules  #Breaktherules

 

Fotografías: SHOWbit.

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